Cuando la marginalidad se apoderó del cine
Corría el año 1999, se estrenaba "Huelepega: ley de la calle" de Elia K. Schneider y Venezuela comenzaba a vivir una nueva generación política comandada por Hugo Rafael Chávez Frías, dándose inicio a lo que hoy conocemos como "el cine marginal venezolano". Muchos se preguntarán, ¿por qué denominar de dicha manera el cine que más destacó en los 2000? La respuesta es fácil, el espectador se cansó de la repetición, ya que por factores económicos, políticos y sociales, Venezuela dio mucha inspiración para películas: personas vivían en las calles, comían de la basura, jóvenes embarazadas a temprana edad, niños aspirando a ser delincuentes y un sinfín de hechos que dieron material para más de un escritor y productor, que aprovecharon el estilo de vida de los marginados e hicieron famosas sus historias.
La repetición de la temática causó un efecto de cansancio en el público que comenzó a tener un respiro desde el 2013 en adelante, con la creación de nuevos largometrajes con una chispa de comedia y diversión, algunos con matices de tristeza pero con lecciones de vida que nos permiten disfrutar de algo más que la cotidianidad de nuestras vidas, o la crisis en todos los aspectos que se vive en el país.
En cada nación del mundo se conoce que en Venezuela las personas viven en crisis, que las calles están repletas de violencia y que el delincuente debe ser más respetado que el policía, esto no solamente por las noticias sino también gracias a las películas, porque es como se ha dado a conocer el país en los años posteriores, desde secuestros importantes como el que se evidenció en "Secuestro Express" (2005), hasta historias de violencia y venganza criminal como se representa en "Hermano" (2010).
MARCELA FLORES TORRES
En algún momento, estas historias criminales y de delincuencia fueron agradables, fueron el foco único de la nación porque era la primera vez que se daban a destacar las tristes vidas de los habitantes promedios del país, de la multitud, de aquellos que tienen poco y luchan día a día por su comida, que viven en espacios decadentes o que buscan resurgir de barrios repletos de violencia y criminalidad, pero en la actualidad no es así. La marginalidad se vio en aumento cuando era la única temática cada año, cuando la inspiración de los cineastas quedó corto y solo se fijaban en la sociedad, que estaba bien, le daban una voz, pero ¿acaso no habían otras cosas buenas para destacar del país? Como hoy en día, que hay comedia relacionada al beisbol, nuestro deporte nacional en "Papita, maní, tostón" (2013), o exponer un tema que sigue siendo tabú en el país y puede servir de informante para aquellos que no tienen conocimientos suficientes sobre la homosexualidad, transexualidad y violencia de género, como se apreció en "Azul y no tan rosa" (2012).
En fin, Venezuela tiene talento para darse a conocer con distintas temáticas, para dejar atrás la marginalidad común que se popularizó en el 2000, para hacer de los cineastas los más grandes ganadores de premios, así como darles a conocer a los espectadores temas refrescantes y que en el país no se tratan a menudo. Desde el 2013 en adelante hemos evidenciado un gran avance, un despegue de las historias criminales, que han permitido abrirles las puertas a una nueva forma de contar historias que no necesariamente se relacionan a criminales, asesinos o incluso secuestradores.
En algún momento, estas historias criminales y de delincuencia fueron agradables, fueron el foco único de la nación porque era la primera vez que se daban a destacar las tristes vidas de los habitantes promedios del país, de la multitud, de aquellos que tienen poco y luchan día a día por su comida, que viven en espacios decadentes o que buscan resurgir de barrios repletos de violencia y criminalidad, pero en la actualidad no es así. La marginalidad se vio en aumento cuando era la única temática cada año, cuando la inspiración de los cineastas quedó corto y solo se fijaban en la sociedad, que estaba bien, le daban una voz, pero ¿acaso no habían otras cosas buenas para destacar del país? Como hoy en día, que hay comedia relacionada al beisbol, nuestro deporte nacional en "Papita, maní, tostón" (2013), o exponer un tema que sigue siendo tabú en el país y puede servir de informante para aquellos que no tienen conocimientos suficientes sobre la homosexualidad, transexualidad y violencia de género, como se apreció en "Azul y no tan rosa" (2012).
En fin, Venezuela tiene talento para darse a conocer con distintas temáticas, para dejar atrás la marginalidad común que se popularizó en el 2000, para hacer de los cineastas los más grandes ganadores de premios, así como darles a conocer a los espectadores temas refrescantes y que en el país no se tratan a menudo. Desde el 2013 en adelante hemos evidenciado un gran avance, un despegue de las historias criminales, que han permitido abrirles las puertas a una nueva forma de contar historias que no necesariamente se relacionan a criminales, asesinos o incluso secuestradores.
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